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Concretamente nos referimos a la península ibérica (actual España y Portugal), durante la invasión y dominación del imperio romano, y utilizamos el término Hispania que la denominación en latín.

Con éste término suele hacerse referencia a las tribus celtas o celtizadas de la Península Ibérica, así como a los idiomas que estos grupos hablaban.

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Hispania Romana

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Celtíberos

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Resistencia a la Invasión

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Viriato

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La Vida de Viriato

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Conquista de Lusitania

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Guerra Lusitana

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Asesinato de Viriato

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Numancia

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Historia de Numancia

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Referencias

También se usa para referirse al más definido grupo de las tribus de la Cordillera Ibérica, que los romanos consideraban mezcla de celtas e íberos, diferenciándose así de sus vecinos, tanto de los celtas de la meseta como de los íberos de la costa.

Los cántabros eran celtíberos, y parece ser que su composición étnica era una mezcla de tribus celtas e ibéricas sobre un sustrato previo que se correspondería con los herederos de la cultura que creó las cuevas de Altamira.

A juzgar por el registro arqueológico, los celtas llegaron a la Península Ibérica en el siglo XIII adC con la gran expansión de los pueblos de la Cultura de los Campos de Urnas, ocupando entonces la región noroeste. En el siglo VII adC, durante la Cultura de Hallstatt se expanden por amplias zonas de la meseta y Portugal, llegando algunos grupos a Galicia. Sin embargo, tras la fundación griega de Massallia (actual Marsella), los íberos reconquistan el noroeste peninsular a los celtas, dando pie a nuevos establecimientos griegos (Ampurias). Los celtas de la Península quedaron así desconectados de sus parientes continentales, de manera que ni la cultura celta de La Tène ni el fenómeno religioso del druidismo les llegarían nunca. La cultura celta en la Península Ibérica llegará a su final con la conquista romana, a la que muchas tribus célticas se opusieron.

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El Imperio Romano, en su expansión, sojuzgó cuanto pueblo encontró en su camino. Los romanos eran bastante prácticos. Invadían, y si los invadidos aceptaban las condiciones impuestas por el imperio, podían seguir con vida. Siempre trataron de cumplir con sus fines; y cuando no lo podían lograr, usaban la aniquilación, como forma de controlar los pueblos que no se sometían a ellos. Mataban hombres, mujeres, niños, jóvenes y viejos sin distinción. Y si alguien  sobrevivía, era vendido como esclavo.

Los celtas nunca fueron "fáciles", todo lo contrario. Jamás aceptaron la invasión romana, y ello trajo consecuencias de todo tipo. Uno de los ejes de esa resistencia a la invasión en Hispania fue Viriato.

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Vivió entre el 180 a.C. y el 139 a.C.. Fue el principal cabecilla de la tribu lusitana que hizo frente a la expansión de Roma en las regiones hoy conocidas como Portugal y Extremadura. Viriato condujo a los guerreros celtíberos a numerosas victorias sobre los romanos durante el periodo de 147 a 139 a.C., antes de ser traicionado y asesinado por algunos de sus propios hombres. En portugués y español es conocido como Viriato, mientras que los romanos le decían Viriathus, en latín.

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Poco se sabe sobre Viriato, conocido entre sus congéneres por ser un gran guerrero. Antes de entablar cruenta lucha contra los invasores romanos, posiblemente se ganase la vida como pastor, el principal oficio de la mayor parte de los lusitanos, aunque también se dice de él que fue cazador y bandolero.

Muchos le designaron para ser líder tribal, cargo que numerosas veces rechazó. Algunos dicen que vivió cerca de Herminius Mons (hoy Serra da Estrela, en el centro de Portugal) que era una gran fortaleza y —junto con la Sierra de Gata— el corazón de Lusitania. Otros afirman que vivió en Viseu. Hoy día hay quienes se refieren a Viseu como "la ciudad de los lusitanos" y a Loriga como "la ciudad de Viriato". También existen varios pueblos de Extremadura que lo reclaman como propio: Coria, pueblos Veratos (Comarca de la Vera) o también Santiago de Alcántara, donde se encuentra la gruta llamada "cuna de Viriato". Además, algunos estudios indican que en estas poblaciones pueden encontrarse vestigios históricos de antiguas etnias locales. Durante el periodo romano y algún tiempo después se dieron numerosos matrimonios mixtos entre nativos e invasores, persistiendo, a pesar de ello, vestigios lusitanos, especialmente en la zona de Beira Interior y la provincia de Cáceres.

Buena parte de la vida de Viriato y su lucha contra los romanos pertenecen a la leyenda y mitología portuguesas, siendo Viriato considerado un héroe nacional (no así en Extremadura o España). El historiador Apianus de Alejandría, en su libro sobre Iberia en la Historia romana, comenta que Viriato "mató a numerosos romanos, mostrando una gran habilidad".

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En el siglo III antes de Cristo, la República Romana dio comienzo a la conquista de la Península Ibérica, resultándoles al principio una labor bastante fácil.

El cónsul Sergius Galba, famoso por su tendencia a mantener una conducta brutal para con los pueblos conquistados, dirigió las tropas romanas a Iberia en torno al 150 a.C. y comenzó una cruenta lucha contra los restos de la resistencia lusitana. Temiendo la destrucción de sus tierras, los lusitanos enviaron una embajada para parlamentar con Galba, quien recibió a los emisarios de forma cortés, suspendió la ofensiva y prometió entregar tierras de cultivo al pueblo lusitano.

Pero el ofrecimiento resultó ser una trampa: cuando los lusitanos, desarmados, reclamaron las tierras que Galba prometiera, éste dio orden de exterminarlos y muchos fueron asesinados. Viriato se encontraba entre quienes lograron escapar a la matanza.

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Viriato nunca olvidó la traición romana. Algún tiempo después, cuando los caudillos lusitanos se decantaban por hacer un nuevo pacto con los romanos tras provocar cuantiosas pérdidas en la armada romana de Caius Vetilius (Cayo Vetilio), Viriato les recordó el engaño de Galba y propuso una guerra lusitana contra los romanos. Los lusitanos acogieron la propuesta con gran entusiasmo.

Viriato organizó un ataque contra Caius Vetilius en Trobila: puesto que los romanos estaban mejor armados, el caudillo lusitano organizó tácticas de guerrilla y preparó ingeniosas emboscadas; y, portando lanzas de hierro y tridentes, los lusitanos derrotaron a Vetilius. A esta lucha no tardarían en sucederle enfrentamientos contra las armadas de Caius Plancius, Unimanus y Caius Nigidus. A partir del 147 a.C., numerosas tribus lusitanas comienzan a unirse al grupo de guerreros de Viriato, quien dirige con éxito un buen número de expediciones bélicas contra los invasores romanos.

Para terminar la pacificación y humillación de Lusitania, Roma envió en el 145 a.C. a Fabius Emilianus al mando de una tropa de 15.000 soldados de infantería y 2.000 jinetes a caballo para reforzar el ejército de Caius Lelius, logrando reducir el área de movimiento de los celtíberos; si bien los romanos perdieron la mayor parte de los refuerzos en Ossuma. Cuando Emilianus se lanzó al combate de nuevo, sufrió una aplastante derrota cerca de la actual ciudad de Beja (en Alentejo, Portugal). Esta victoria por parte de los lusitanos les concedió acceso al actual territorio español que comprende la provincia de Granada y la comunidad autónoma de Murcia.

Tras aprender de estos acontecimientos (140 a.C.), Roma envió a Iberia a uno de sus mejores generales, Servilianus (Serviliano Cepión), gobernador de la Ulterior. Cerca de Sierra Morena, los romanos cayeron en una emboscada que los lusitanos les tendieron. Sin embargo, en vez de aprovechar la ocasión para eliminar a los romanos, Viriato permitió que el general y los soldados bajo su mando se marchasen. Servilianus declaró entonces a Viriato "amigo de Roma", reconociendo al cabecilla lusitano dirigente de las tierras bajo su mando.

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El senado romano rechazó el pacto hecho por Servilianus con el pueblo lusitano. Por otra parte, los romanos cambiaron su modo de actuar: sabiendo que la fuerza de la resistencia lusitana se debía en gran parte al liderazgo de Viriato, en torno al 139 a.C., Marcus Pompilius Lenas sobornó a Áudax, Ditalco y Minurus, tres lusitanos enviados por Viriato como emisarios con el propósito de llegar a un acuerdo de paz. Una vez de vuelta en su campamento, los tres emisarios asesinaron a Viriato mientras éste dormía.

Cuando los traidores regresaron al campamento romano reclamando su recompensa, el cónsul Scipio ordenó que los ejecutaran, declarando que "Roma no paga a los traidores". Los motivos de la traición se desconocen, si bien parece que guardan relación con los problemas socio-económicos por que atravesaba Lusitania bajo la presión romana.

Con la muerte de Viriato también murió la resistencia lusitana, pero al tiempo nació su mito. Aunque la muerte del héroe no equivaldría al cese inmediato de las guerras lusitanas, la resistencia que opondrían las tribus no duraría mucho más. De este modo, las legiones romanas pudieron centrarse en la Citerior, siendo en esta región cuatro los años que Numancia llevaba plantando cara al invasor.

Al cabo, bajo el dominio romano, Lusitania y sus gentes fueron paulatinamente adquiriendo la cultura y el idioma latinos. Varios siglos después, tras la caída del Imperio Romano, la zona occidental de Lusitania daría lugar a la formación del reino de Portugal, mientras que la oriental daría lugar a Extremadura, tras caer el reino Taifas de Badajoz (árabe).

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Nombre de una población de la Península Ibérica cuyos habitantes resistieron heroicamente durante más de 20 años el asedio por parte de las tropas del Imperio Romano.

Sus restos se encuentran a 7 Km de la actual ciudad de Soria, sobre el cerro de la Muela de Garray.

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Numancia, ciudad de los arévacos (un pueblo celtíbero), mantuvo una dura resistencia de veinte años, entre el 153 adC y 133 adC, venciendo a diversos generales romanos. Finalmente, Roma envió a Publio Cornelio Escipión Emiliano, que cercó Numancia con un muro de nueve kilómetros. Tras once meses de asedio la ciudad cayó, vencida por el hambre, en el verano del 133 adC. Muchos de sus habitantes prefirieron el suicidio a entregarse. Los supervivientes fueron vendidos como esclavos y la ciudad fue arrasada.

La actitud de los numantinos impresionó tanto a Roma que los propios escritores romanos exaltaron su resistencia, convirtiéndola en un mito.

Esta lucha ha dejado huella en nuestra lengua, que acoge al adjetivo "numantino" con el significado: "Que resiste con tenacidad hasta el límite, a menudo en condiciones precarias", según la Real Academia Española.

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Loução, Paulo Alexandre, Portugal, terra de mistérios, Esquilo, tercera edición, ISBN 9728605048, 2000.

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Pastor Muñoz, Mauricio, Viriato: el héroe hispano que luchó por la libertad de su pueblo, ISBN 8497341783, La Esfera, 2004.

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Ribeiro, Ângelo y José Hermano Saraiva, História de Portugal (1. A formação do território), QuidNovi, ISBN 9895541066, 2004.

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Roldán, José Manuel: La España romana (información sobre la figura de Viriato en las páginas 25 a 27), ISBN 8476791232.

 

Obtenido de Wikipedia: "Viriato" y "Numancia" (vínculos externos en nueva ventana)

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